S?bado, 15 de octubre de 2005
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He dicho que no puede pasar se?or._ Dijo el androide

Quinlan Vos mir? a los ojos del androide. La Fuerza no funcionaria con el mont?n de chatarra.
_ Oye._ Dijo Vos._ Necesito coger esa nave ahora. Vienen unos tipos persigui?ndonos, y est?n de muy mala leche. ?No querr?as presenciar un tiroteo verdad?
Aayla se adelant? con intenci?n de pasar. El IG-88 alz? una de sus m?ltiples armas y apunt? a la twi?lek.

_ No pod?is pasar._ Repiti? el androide rotundamente.

_ Parece ser que nos hemos encontrado con el vigilante m?s fiel del puerto espacial._ Dijo Aayla.
Quinlan mir? hacia atr?s presintiendo lo peor luego volvi? a mirar al androide.
_ Siento decirte esto saco de tornillos._ Dijo Quinlan._ Pero quedas despedido.
R?pidamente el maestro Jedi encendi? su sable de luz y cort? diagonalmente al androide, que cay? despedazado en un mont?n de amasijos y hierros. Quinlan Vos apag? el arma mirando al cuerpo met?lico.

_ Camino libre._ Dijo.

Aayla sinti? que sus perseguidores ya ven?an, se acercaban. Solo ten?an que coger una nave y escapar de ese fangoso planeta. Comenz? a correr tras su compa?ero.
Quinlan Vos corri? por el hangar. Buscaba la nave republicana que les hab?a tra?do hasta all?, pero cuando llegaron a la plataforma 1138 supieron lo que hab?a ocurrido con la nave. Los criminales que les persegu?an hab?an aprovechado el tiempo de estancia de los jedi en el planeta para descuartizar la nave en piezas, que ahora estaban desperdigadas por el suelo.

_ Esto va de mal en peor._ Dijo Aayla._ Busquemos otra nave.
Cuando se giraron para comenzar su b?squeda ya ten?an a quince hombres armados hasta los dientes, mir?ndoles con rabia, y respirando profundamente, pues estaban cansados.
_ bueno._ Dijo Quinlan._ por fin reunidos de nuevo.
_ Silencio Jedi._ Dijo el que parec?a el l?der._ No saldr?is de esta plataforma vivos.
Quinlan y Aayla encendieron el sable.
_ ?Ah no?_ Dijo ir?nicamente Aayla.
Los criminales comenzaron a disparar en cuanto vieron que los jedi avanzaban contra ellos, pero estos bloqueaban y desviaban los disparos, acerc?ndose a?n hacia los hombres. Cuando llegaron a su altura, los dos jedi saltaron adyacentemente hacia arriba, y pasaron por encima de los criminales. Cuando los hombres se giraron los jedi ya hab?an desaparecido.

_ Necesitamos transmitir las coordenadas al Consejo para que pueda actuar._ Dijo Aayla mientras miraba a trav?s del muro.
Quinlan asinti? con la cabeza._ Yo ir?, t? entretenlos.
_ Busca una nave y env?a el mensaje._ Dijo Ayla levant?ndose._ Luego p?same a buscar. Ir? a entretener a esos criminales para que no tengas problemas.
La twi?lek salt? y desapareci? tras el muro. Seguidamente se escucharon disparos y voces gritando Quinlan aprovech? para saltar a otra plataforma. Hab?a un carguero coreliano y otros dos trandoshano. Quinlan se decidi? a entrar al coreliano. F?cilmente con la Fuerza abri? la trampilla y entr? en la nave, cerrando la entrada despu?s. Se dirigi? a la cabina y se sent? mirando el panel de control.

_ Vamos a ver._ Dijo Vos._ El mensaje
Coloc? un peque?o aparato en una rendija del panel, y lo envi? a las coordenadas del Hogar de los Ancianos. Tard? un minuto en acabar la operaci?n. Una vez hubo sacado el aparato de la rendija, despeg? la nave y con la Fuerza busc? a Aayla. La Jedi estaba apurada en un tiroteo con los criminales perseguidores, y por lo visto fue lo suficientemente diestra como para recoger otro carguero y despegar por su cuenta.

_ Aayla, ?me recibes?_ Dijo Vos apretando al comunicador.
El aparato dej? ir la voz de la twi?lek un poco distorsionada._ Si, Vos, te oigo perfectamente. Dejemos atr?s este planeta. Inserta las coordenadas para Coruscant.
Quinlan Vos tecle? unos n?meros en el panel de control.
_ All? vamos._ Dijo el Jedi._ Te ver? en Coruscant Aayla.
Vos empuj? la palanca hacia delante y las estrellas se alargaron.

Todo estaba rodeado de fuego. Quinlan sent?a su calor. Necesitaba salir. Tir? la puerta abajo, pero fue una mala idea, la salida result? ser el final de un puente. Quinlan se gir?, mir? a las llamas. Su coraje le dec?a que deb?a atravesarlas si quer?a sobrevivir.
_ Tengo que buscar otro camino._ Dijo el Jedi para sus adentros._ Incluso si me llevan de vuelta al infierno.

Quinlan Vos se arroj? a las llamas.Un sonido despert? al Jedi. La nave estaba dando tumbos por el espacio, sin control. La cabina ten?a una enorme grieta en la parte superior.
_ Maldita sea._ Dijo Quinlan._ Habr? chocado con un insignificante trozo de meteoro en el transcurso de la hipervelocidad.

La nave segu?a dando tumbos. Casualmente, se encontraba cerca de un planeta, con contacto visual. No aparec?a en la gu?a de la nave, y tampoco era un planeta que le sonara a Quinlan. Ten?a tonos marrones por todas bandas, con algunos peque?os bosques y la nave volvi? a dar un tumbo y el planeta se perdi? de vista, quedando detr?s del veh?culo
_ Est? bien._ Dijo Vos._ Esperar? en el planeta. Esta nave parece ya muy inestable

Quinlan, con esfuerzos, dirigi? el carguero hacia el planeta desconocido. La entrada en la atm?sfera fue algo m?s que un paseo de un bantha cabreado. La nave no paraba de tambalearse, y Quinlan tuvo que aminorar los motores para que se estabilizara.
Las nubes se disiparon mientras la nave ca?a a una velocidad vertiginosa. Quinlan utiliz? la Fuerza para intentar aminorar la velocidad, pero el cambio no parec?a muy visible. La superficie del planeta ya se pod?a ver, pero la nave estaba envuelta de una llama de fuego, y segu?a cayendo a gran velocidad. El Jedi abri? la rampilla y comenz? a correr dificultosamente por la nave, agarr?ndose a las esquinas.

Finalmente lleg? a la rampa de salida de la nave, que estaba pr?cticamente apunto de soltarse de la estructura del veh?culo. Quinlan Vos se dio prisa y en cuanto vio que estaba a una altura considerable salt? hacia un mont?n de ?rboles. Su vuelo por el aire fue algo m?s que un segundo, pero parecieron horas. Su cabello y su t?nica se enredaron de hojas de los ?rboles mientras los atravesaba. Cada vez ve?a el suelo mas cerca, hasta que todo qued? oscuro. Quinlan Vos yaci? en el suelo inconsciente a cuarenta metros de la nave estrellada.

Quinlan abri? los ojos lentamente. Pod?a ver las copas de los ?rboles movi?ndose por el viento. De pronto escuch? unas voces un poco lejanas. Quinlan intent? enderezarse, pero se dio cuenta de que estaba atado con las manos en la espalda. Con uno de los dedos toc? las cuerdas.
Ve?a a dos hombres escasos de ropa, pero fornidos, con pinturas por todo el cuerpo, y con numerosos trofeos que le colgaban del cuello en una larga cuerda. Los dos hombres hab?an visto a Quinlan y le hab?an atado mientras iban a ver la nave, pero Quinlan recibi? una patada en la cara y call? al suelo.

Cuando se levant? de nuevo con los labios sangrando, estaban los dos hombres mir?ndole y hablando entre ellos. Los hombres cogieron a Quinlan por el pelo y lo levantaron, con una lanza le obligaron a caminar hacia delante. No era el momento de que Quinlan les diera su merecido, ya que era la ?nica forma de vida que de momento hab?a en el planeta, y no se arriesgar?a a perderles el rastro. Los hombres le llevaron por unos senderos estrechos entre el bosque. Quinlan se pregunt? que habr?an hecho con la nave

Hubo un momento en que los dos captores le pusieron una venda a Quinlan para que no viera el camino, le dieron tres vueltas y volvieron a caminar. No era problema para Quinlan, mas tarde tocar?a ese pa?uelo y ver?a por donde hab?an pasado. De repente, y poco a poco, se fueron escuchando voces. Quinlan intu?a que hab?a llegado a una especie de poblado. Los hombres hablaban en un idioma que el Jedi desconoc?a por completo. Forzosamente le metieron en una especie de jaula de madera

_ Nunca he visto raza m?s necia._ Dijo Quinlan._ Me encierran con el sable en el cintur?n

Le quitaron el pa?uelo. Quinlan vio que estaba en medio de un poblado, en una jaula elevada, y parec?a que el pueblo ped?a su ejecuci?n. Un hombre viejo y con falta de un ojo se adelant? ante todos y levant? los brazos. La multitud se call? inmediatamente. El anciano pronunci? unas palabras hacia el pueblo y luego se gir? hacia Quinlan
_ Ser?s condenado ma?ana por la ma?ana extranjero._ Dijo el anciano.
_ ?Hablas mi idioma!_ Grit? sorprendido Quinlan._ Por favor, d?jame salir de aqu? o lo har? yo por mi cuenta.
_ Me temo que eso no va a ser posible extranjero._ Contest? el anciano. La multitud comenzaba a disiparse esperando con paciencia el d?a de ma?ana. Quinlan se dispon?a a coger su sable de luz, pero algo se lo arrebat?. Una flecha golpe? al arma del jedi y se la dej? fuera de la jaula. El sable fue recogido por un nativo
_ No creer?s que somos tan entupidos._ Dijo el anciano sonriendo

Quinlan se sent? en la jaula cuando el viejo hombre se fue. Medit? una posible hu?da, pero con esa jaula no se le ocurr?a ninguna. Durante todo el d?a el pueblo pasaba por al lado de Quinlan, ya que estaba colocado justo en medio, y si intentaba escapar era imposible que nadie le viera. As? que su ?ltima alternativa era esperar a la noche


Aayla sali? del hiperespacio en las afueras de Coruscant. Quinlan Vos deb?a tardar un minuto exacto en llegar La Jedi esper?, pero el radar no indicaba ninguna nave acerc?ndose.
_ Algo va mal._ Dijo Aayla._ Algo le ha pasado volver? al planeta e interceptar? sus coordenadas
Aayla dio la vuelta a la nave, pero antes activo un holograma hacia el Templo Jedi. En el holograma apareci? r?pidamente el maestro Mace Windu.
_ Maestro Windu._ Dijo Aayla._ Ha habido un problema. Quinlan Vos no ha llegado del hiperespacio. Su nave puede haber sufrido una aver?a. Con su permiso ir? a buscarle y a ayudarle.
_ Concedido Aayla._ Dijo Mace._ Encu?ntrale, y que la Fuerza te acompa?e

Aayla apag? el holograma inclinando la cabeza hacia el maestro. Dio media vuelta a la nave y salt? a la hipervelocidad.

La oscuridad no era un problema para el pueblo ind?gena, que iluminaba todos los peque?os edificios con simples fuegos, y colocaban guardias en todos los rincones.
Quinlan estaba buscando a todos los guardias. Intentar?a escapar esa noche, pero antes deb?a saber donde estaban sus enemigos para saber como huir de ellos Hab?a dos de ellos junto a su jaula, de espaldas. Otros cuatro vigilaban distintas caba?as, y de vez en cuando alg?n guardia pasaba por en medio de la plaza en alguna de sus patrullas. Quinlan lo ten?a dif?cil para escapar sin que se dieran cuenta, era peligroso, y a?n que consiguiera escapara, no sab?a lo que hab?a all? fuera, en esos bosques
_ ?Aayla donde estas?_ Se dijo a si mismo Quinlan._ Lo siento mucho

Quinlan se dispuso a utilizar la Fuerza para abrir la jaula e intentar escapar, pero de repente escuch? un ruido, como un galope de un animal. Poco a poco parec?an m?s animales juntos, el ruido se hac?a cada vez m?s fuerte, hasta los guardias lo sintieron. Todo el pueblo sali? de sus caba?as, era un pueblo guerrero, pocos individuos hab?a que no llevaran armas. Todos estaban moviliz?ndose hacia donde proven?a el ruido. Se colocaron en posici?n de defensa con unas corrientes lanzas. De repente, el ruido se fue apagando poco a poco, y pareci? que pas? de largo. Uno de los guerreros all? presentes dio una se?al con la mano, nadie se mov?a, y nadie se sent?a. Algunos suspiros era lo que hacia saber que el tiempo no se hab?a parado Los guerreros miraron a su alrededor, asustados. Quinlan busc? con la Fuerza el sonido del galope, pero no consigui? saber donde se hallaban... de repente, uno de los guerreros cay? abatido con una flecha entre las cejas, y seguidamente se volvi? a escuchar el galope casi encima de los soldados. Miles de hombres montados en una especie de reeks salieron de la nada, cargando contra los guerreros. Todo se desenlaz? en una escaramuza que estaba siendo contemplada desde un punto ?lgido por Quinlan Vos, quien aprovech? para abrir la jaula con la Fuerza.

Los barrotes se separaron, y Quinlan sali? de la jaula para meterse entre la batalla. Un reek pas? justo por su lado despu?s de caer al suelo, haciendo temblar el suelo a su paso Quinla busc? al anciano que le hab?a arrebatado el sable de luz. No fue dif?cil encontrarlo, ya que hab?a varios soldados protegi?ndole, y no eran soldados normales, sino que portaban grandes armaduras muy parecidas a las mandalorianas, pero visto su poco grado de evoluci?n, quinlan estaba seguro de que no eran mandalorianas. De repente, un guerrero montando un reek se dirigi? hacia los soldados, y acab? con alguno de ellos. Seguidamente fue abatido por una lanza. Quinlan aprovech? el momento para ir hacia el anciano.
_ Saludos amigo._ Dijo Quinlan ir?nicamente._ ?Por que no me hab?as invitado a la fiesta?
_ ?T?, extranjero!_ Al anciano le costaba pronunciar las palabras del miedo que ten?a._ ?Qu? quieres de m??
_ Solo he venido a recuperar esto._ Dijo Quinlan mientras le arrancaba el sable de sus ropas._ Gracias.

Seguidamente, uno de los guardias del anciano intent? golpear al jedi, pero este le atraves? con su arma.
El anciano aprovech? para huir hacia los adentros del bosque, y Quinlan intent? parar a uno de los soldados que montaban un reek.
_ Esperad._ Grit? el jedi._ Me ten?an cautivo, esperad.
El reek se par? por orden del guerrero que lo montaba. Se acerc? al jedi.
_ Sube._ Dijo el hombre.

La batalla hab?a terminado. Muchos de los guerreros hab?an muerto, y la mayor?a hab?a huido hacia los bosques. El bando de los reeks, que por cierto, no eran reeks, sino que se parec?an, hab?a ganado una batalla f?cilmente y con una t?ctica impresionante. Adem?s hab?an acogido a Quinlan y lo hab?an llevado a su pueblo. Una vez all? le rodearon sent?ndose, y los m?s ancianos y sabios pronunciaron palabras.
_ El hombre ha ayudado a nuestro pueblo._ Dijo uno de los ancianos._ Que diga por que est? aqu?. No sabemos de donde viene.
_ Provengo de Coruscant, y soy un Jedi._ Interrumpi? Quinlan.
_ ?Coruscant?_ Dijo otro de los ancianos._ ?Que parte del planeta es esa?
_ ?No hab?is abandonado nunca este planeta?
_ ?Provienes de las estrellas extranjero?_ Pregunt? el guerrero que le hab?a tra?do con el animal
_ Es una historia muy larga._ Dijo calmado Quinlan Vos._ Primero deber?amos presentarnos, yo soy Quinlan Vos, caballero jedi guardi?n de la paz en la galaxia.
_ Quinlan Vos, que nombre tan simple._ Dijo uno de los ancianos.
_ ?Y ustedes? ?Cu?les son vuestros nombres?_ Pregunt? Quinlan mirando al grupo de ancianos que le miraban entusiasmados.

Uno de ellos pronunci? algo en una lengua, una palabra muy larga.
_ Creo que no podr?s pronunciarlo jam?s extranjero._ Dijo el anciano.
_ ?Eso era tu nombre?
El anciano asinti?.
Quinlan estaba en un aprieto. No ten?a nave, estaba en un planeta perdido en medio de la galaxia, y hab?a sido rescatado por una tribu cuyos nombres eran impronunciables
El jedi observ? a todos los ancianos. En total eran siete, m?s dos guerreros. Propuso llamarles de alguna forma en b?sico ya que no podr?a dirigirse a ellos de otra forma Al final se invent? nombres para poder dirigirse a ellos, como Se?or de los Trofeos, pues era un anciano con m?s de 10 trofeos colgando de su cuello y de sus mu?ecas, Jinete fue el nombre que Quinlan utiliz? para dirigirse al guerrero que le hab?a dejado montar Todos se adaptaron f?cilmente a los nombres de Quinlan, ten?an una inteligencia soberbia, pero no hab?an tenido el suficiente tiempo como para desarrollarla y salir del planeta, todo por culpa de una causa: la Guerra. Estaban en guerra con el pueblo que hab?a capturado a Quinlan.

Seg?n los ancianos, el puesto que atacaron era una simple avanzadilla.
_ Mi nave, creo que la tienen ellos._ Dijo Quinlan._ La podr?a arreglar y salir de aqu?. Necesito volver a
_ ?a las estrellas?_ Dijo Se?or de los Trofeos._ Muy lejos est?n de aqu?. Puede que jam?s vuelvas a tocarlas.
_ A?n as?, necesito que me ayud?is a recuperar mi nave, o lo que quede de ella.
_ Hagamos un pacto Quinlan Vos._ Dijo Piel de Guerra, ya que ten?a m?ltiples cicatrices por todo el cuerpo._ Nosotros te ayudamos a conseguir tu nave, y tu nos ayudas a combatir contra los Filsuis._ Filsuis era el nombre del pueblo enemigo.
Quinlan medit? un momento. No pod?a salir perdiendo. Una vez escapara del planeta informar?a de las coordenadas del mismo para que ayudaran al pueblo que le hab?a salvado la vida.
_ Puedes darlo por hecho amigo._ Dijo Quinlan sonriendo
Los ancianos sonrieron Quinlan tuvo que explicarles la historia de la Rep?blica para que entendieran de donde proven?a, y tuvo que explicar diversas lecciones sobre la Fuerza. Todos se asustaron cuando vieron que Quinlan pod?a levantar una lanza sin siquiera tocarla La noche interrumpi? la reuni?n, y todos se refugiaron en sus caba?as, excepto los guardias. Quinlan tuvo una caba?a para el solo Hab?a una vela encendida El jedi sopl? hacia la llama, todo qued? oscuro

Maestro donde estas?

Quinlan sinti? la voz de su antigua padawan, Aayla Secura. Se despert?, pero no estaba all?, segu?a estando en el planeta perdido.
_ Espero que Aayla me encuentre antes de que ocurra algo._ Dijo Quinlan. El Jedi no ten?a sue?o, y sali? de su caba?a para tomar el aire.
La noche era tranquila, y a diferencia de Coruscant, aqu? se ve?an todas las estrellas. Hab?a guardias patrullando por todos lados, con las lanzas apoyadas en el hombro. Quinlan cerr? los ojos y mediante la Fuerza comenz? a buscar a Aayla. Era dif?cil encontrarla, ya que la galaxia es demasiado grande para encontrar a alguien, pero aayla era una jedi, y era su padawan, la Fuerza flu?a notablemente sobre ella, y si hab?a alguna forma de contactar con ella ser?a mediante la Fuerza.

El tiempo pasaba, pero Quinlan no la encontraba. De pronto una voz interrumpi? su concentraci?n.
_ Te ocurre algo joven quinlan?
Era el Se?or de los Trofeos, uno de los ancianos.
_ No gracias.
_ Echas de menos tu hogar._ Dijo el anciano agachando la cabeza.
_ Necesito volver._ Contest? Quinlan._ Aqu? no sirvo de mucho, una vez os haya ayudado con los Filsuis me marchar?...
_ Los Filsuis, desdichados, son cada vez m?s._ Dijo el anciano enfurecido._ En aquella direcci?n, est? su pueblo m?s numeroso.
_ No pretendo ayudaros haciendo la Guerra._ Dijo Quinlan. El anciano le mir? sorprendido._ Si puedo evitarla lo har?.
_ La guerra entre los Filsuis y los Dakotras es inevitable. Ellos quieren gobernar todo el territorio del planeta.
_ Se les har? entrar en raz?n.
_ Imposible, lo hemos intentado durante milenios, y siempre hemos estado en guerra constante.
_ ?Durante milenios?
_ Te contar? una historia extranjero._ Dijo el Anciano mir?ndole a los ojos y luego agach?ndolos._ Hace mucho tiempo, este planeta estaba... desierto.
No hab?a nada. Seg?n las sagradas leyendas de los Dakrotas, las tribus de este planeta proven?amos de las estrellas, como tu. Al decir verdad, corrimos la misma suerte que tu, nuestro transporte cay? y los supervivientes pelearon por la comida y el territorio. Esas peque?as discusiones entre los supervivientes
pronto se convirtieron en grandes problemas. La gente se ali?, y se formaron las tribus, los Filsuis y los Dakrotas. Desde entonces la guerra ha sido incesable.

Quinlan se qued? sin palabras.

_ Incluso tengo un sagrado objeto que ense?arte, joven Quinlan._ Dijo el anciano, cogiendo a Quinlan del hombro._ Dicen que ven?a con nosotros en el transporte.
El anciano le llev? a la mas hermosa de las caba?as, con estatuas en la puerta.
_ ?Que es esto?._ Pregunt? Quinlan Vos desorientado.
_ Es un templo._ Contest? el anciano agachando la cabeza ante las estatuas. Entraron dentro, y el anciano cogi? una peque?a llave y abri? un cofre y asom? la cabeza._ Aqu? est?.
Se?or de los Trofeos cogi? algo envuelto en polvo. Sopl? y para sorpresa de Quinlan, lo que el anciano sosten?a era un blaster antig?o, demasiado antig?o.
_ Esto, estos es un arma._ Dijo Quinlan._ Cuidado, d?jame sostenerla.
_ Es un objeto muy adorado por los Dakrota.
Quinlan comprob? el modelo del arma. Era muy antig?o, pero la recarga l?ser segu?a estando activa, es decir, a?n funcionaba.

_?Ocurre algo?_ Dijo una voz femenina detr?s del Jedi. Quinlan se gir? y vio a una mujer hermosa, con poca ropa, y sonriendo al anciano.
_ OH, quinlan, olvid? presentarte a mi nieta._ Dijo Se?or de los Trofeos._ Seguidamente el hombre pronunci? algo que Quinlan no entend?a.
_ Supongo que eso era el nombre._ Dijo el Jedi.
_ Si, pero nuestra sociedad cuenta que las mujeres tienen un segundo nombre._ Dijo el Anciano._ Uno m?s corto, y que puede ser pronunciado por ti. Ella es Agda.
Quinlan, sorprendido por el peque?o toque "machista" de la tribu, salud? a la mujer.
_ Espero que mi padre no te haya molestado con sus historias._ Dijo Agda.
_ En absoluto._ Dijo Quinlan._ Me ha entretenido.
De repente, un rayo son? fuera del templo.
_ Se?al de los dioses de que durmamos un poco m?s durante esta noche._ Dijo Se?or de los Trofeos.
Los tres fueron a sus respectivas caba?as. Quinlan ten?a un mal presentimiento...

Una tormenta achac? al poblado por la ma?ana. Simplemente parec?a de noche, pues unas grand?simas nubes negras se posaban ahora sobre las cabezas de los ciudadanos.
_ Las tormentas._ Dijo Quinlan viendo que un anciano se acercaba a recibirle._ Fen?menos naturales que pueden llegar a quitar la vida a personas inocentes. La naturaleza, la Fuerza, es quien elige a quien se le debe quitar la vida.
_ ?Has tenido una mala noche extranjero?_ Pregunt? el anciano cuando escuch? lo que dec?a Quinlan.
_ No, gracias._ Contest? el Jedi._ He dormido bien. Pero este no es mi lugar, espero que lo entiendas.
_ Si algo nos han dado nuestros dioses es l?gica de pensamiento, claro que lo entiendo.
Quinlan sonri?.
_ Se ha proclamado una batalla._ Dijo el anciano cambiando a tono serio._ Los ej?rcitos de nuestro pueblo recogen a gente de los pueblos para que se unan a la causa. Dentro de poco habr? una batalla. Dime una cosa Quinlan Vos. ?C?mo es la vida sin guerra?
Quinlan sonri?.
_ Sigue siendo vida, pero sin temer a demasiado a la muerte._ Contest? Quinlan._ El d?a que no haya guerras, no habr? vida? Es la naturaleza, estamos hechos para sobrevivir, sobrevive el m?s fuerte, el mas d?bil muere. Por eso los jedi intentamos detener la guerra, mantener la paz, para que sobreviva el fuerte, pero tambi?n el d?bil.

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_ Interesante vuestra doctrina de los jedi._ Contest? el anciano._ OH, mira, ah? viene mi nieto. Es un gran guerrero.


Quinlan se gir? y vio a un hombre con una larga melena, y en la cabeza llevaba un pa?uelo. Su rostro estaba adornado con un extra?a y peque?a barba con trenzas, y vest?a m?s ropas que el resto del pueblo.
_ Saludos extranjero._ Dijo el hombre._ No te dir? mi nombre porque no podr?s pronunciarlo. Mejor ll?mame de otra manera.
A Quinlan Vos aquel hombre le recordaba a un pirata que una vez le puso las cosas dif?ciles a Qui-Gon Jinn y a Obi-Wan Kenobi, Arwen Cohl.
Quinlan volvi? a sonre?r.
_ Te puedo llamar pirata._ Dijo sonriendo el jedi._ Me recuerdas mucho a uno.
_ ?Pirata?
_ Hombres que se dedican al contrabando, saquean y destruyen. Me recuerdas mucho a uno de los grandes.
_ Como quieras.
_ ?Eres un guerrero?
_ Dicen que soy de los mejores, pero yo no lo creo._ Dijo sinceramente Pirata._ ?Hay muchos hombres en un ejercito como para destacar a uno no crees?
_ Estoy de acuerdo._ Contest? Quinlan._ Me estaba diciendo tu abuelo que se congregar? el ejercito para ir a una batalla.
_ Si es cierto. Yo ir?. Me gustar?a que vinieras, dicen que demostraste ser un buen guerrero cuando te rescataron.
_ Simplemente quer?a recuperar mi arma.
_ Bien, pero si vienes no me podr? ocupar de ti.
_ Ir? para detener la batalla, no para luchar, aunque si no hay mas remedio, lo har?.
_ Nadie nunca ha anulado una batalla entre nuestros dos pueblos.
_ Pues creo que esta ser? la primera vez.
_ Suerte compa?ero._ Dijo Pirata mientras se daba la vuelta.
_ El d?a que derrotemos a los Filsuis, los Dioses bajaran de las estrellas._ Dijo el anciano sonriendo y march?ndose.


La lluvia no cesaba. Las gotas de la tormenta hac?an que todo el pueblo se refugiara en sus casas, mientras el jedi se dispuso a entrenar su meditaci?n jedi en una colina.
_ No hay emoci?n, hay paz._ Dijo para s? Quinlan Vos mientras daba golpes al aire con el sable de luz._ No hay ignorancia, hay conocimiento. No hay pasi?n, hay serenidad. No hay caos, hay armon?a. No hay muerte, est? la Fuerza.
Apag? el sable de luz y mir? al cielo. La tormenta estaba cesando. La Fuerza lo quer?a as?. A?n en su personalidad jedi, deb?a admitir que se sent?a incomodo en ese lugar, aun trat?ndole bien. Deb?a admitir que echaba de menos a Aayla, que no sab?a como iba a salir de all?. Que echaba de menos a los Jedi

El d?a se aclar?, y no pasaron mas nubes por encima del poblado. Quinlan Vos estaba en su tienda, meditando, cuando entr? Agda en su tienda. Quinlan se sorprendi? al ver que la chica no dijo nada y se limit? a coger la misma postura que el jedi.
_ ?Qu? haces?_ Pregunt? la Agda.
_ La meditaci?n forma parte de la vida de los Jedi._ Dijo sin abrir los ojos Quinlan._ Pasamos horas en esta postura, dejando la mente en blanco para que la Fuerza fluya en nosotros y nos ayude a comprender el mundo tal como es.
_ ?C?mo es?_ Pregunt? de nuevo Agda.
_ El mundo, el universo mas bien dicho, es la creaci?n de la...
_ Me refer?a a la Fuerza._ Cort? al jedi.
_ No hay palabras para describir como se siente aquel que percibe la Fuerza._ Dijo Quinlan._ Es como si en un momento estuvieras ciego, y cuando descubres que puedes controlarla te das cuenta de que no lo estabas, si no que era un simple pa?uelo que te tapaba los ojos.
Agda movi? la cabeza en se?al de que lo hab?a entendido, a medias.

De pronto se sinti? un galope. Agda y el jedi salieron de la tienda r?pidamente y vieron a dos hombres montados en unos reeks. Uno cogi? una especie de pergamino y comenz? a dictar.
_ Por orden del pueblo supremo, todos aquellos con cualidades para luchar marchar?n a la batalla que se librar? en los campos de Stenhan.
El pueblo entero se hab?a reunido delante de los dos jinetes y ahora murmuraban. Entonces el jinete comenz? a decir nombres impronunciables y los portadores de dichos nombres recib?an una especie de insignia.
_ ?Por qu??_ Grit? Quinlan.
Todo el pueblo se gir? para mirar al jedi, y el jinete lanz? una mirada de desprecio hacia el hombre.
_ ?Qui?n eres t??_ Pregunt? el jinete.
_ Mi nombre es Quinlan Vos._ Dijo tranquilo el jedi._ ?Por qu? oblig?is a luchar por algo que puede ser que no quieran luchar por ello?
_ ?Tu no eres de por aqu? verdad?_ Pregunt? el jinete, sabiendo la respuesta.
_ Cay? de las estrellas._ Dijo Se?or de los Trofeos.
El jinete solt? una larga y fuerte carcajada.
_ Creo que vendr?s con nosotros a la batalla._ Aquello parec?a una Orden. Quinlan estuvo a punto de negarse, pero vio como Agda le negaba con la cabeza. El hombre sigui? diciendo nombres sin dar importancia a Quinlan Vos ni a su proveniencia. Estaba seguro de que si hubiera encendido el sable de luz aquel hombre habr?a estado asustado, se habr?a sorprendido y jam?s se habr?a re?do del jedi. Pero esa actitud no era propia de un jedi. ?Qu? m?s daba si se re?a aquel hombre? ?Acaso sab?a lo que era Quinlan? ?Acaso sab?a de donde proven?a? Tiene que haber de todas estas personas en todos lugares, y aquel hombre era el de aquel lugar. Cuando acabaron de repartir insignias, los jinetes se fueron galopando, supuestamente ir?an hacia otro poblado.
_ Has hecho bien en no contestar de nuevo._ Dijo Agda acerc?ndose al jedi.
_ ?Que batalla es la de Stenhan?_ Pregunt? Quinlan Vos.
_ Dentro de dos d?as se librar? en los campos de Stenhan._ Contest? la chica._ Partiremos hoy. M?s vale que medites todo lo que puedas.
Quinlan Vos se meti? en su tienda, al igual que lo hac?an todos los habitantes de lo que parec?a ser uno de los poblados m?s peque?os de una gran civilizaci?n.

_ Maestro._ Dijo Aayla en cuanto apareci? Kit Fisto en el holograma._ Mi b?squeda sobre Quinlan Vos est? bordando el n?cleo medio.
_ Excelente Aayla, pero no tienes por que hacer esto t?._ Contest? el nautolano._ Podemos enviar a cualquier jedi en busca del maestro Vos.
_ Maestro, si alguien puede encontrarle soy yo._ Contest? rotundamente Aayla._ Soy la jedi que tiene la conexi?n mas fuerte con ?l en toda la Orden, creo que es mi deber encontrarle.
Kit Fisto agach? la cabeza. Estuvo unos segundos pensando y volvi? a levantarla, resaltando sus grandes ojos negros.
_ Padawan Aayla._ Dijo al final Kit Fisto._ Encuentra a Quinlan Vos. Seg?n vuestra ?ltima posici?n Quinlan Vos debe de estar cerca de tu posici?n. Que la Fuerza te acompa?e.
El holograma se apag?, no antes de que le jedi twi?lek le dedicara una sonrisa de agradecimiento. Llevaba semanas buscando a Quinlan Vos. Hab?a recorrido tres planetas enteros y estaba a mitad del cuarto. ?Cu?ntos le quedar?an? Su recorrido era el mismo que cuando saltaron al hiperespacio, pero parec?a estar ralentizado. ?Qu? podr?a haber pasado para que su maestro no saliera del hiperespacio? Pens? en el ?ltimo momento que le vio, en la cabina del carguero en el que escaparon. El kiffex era h?bil, sabio e inteligente, y lo m?s importante, ten?a una conexi?n con la Fuerza muy grande. Aayla pod?a percibirlo. Sus sentimientos y su l?gica le dec?an que no volver?a a verlo, pero su conexi?n con la Fuerza notaba que Quinlan Vos estaba cerca, no en aquel planeta, pero si cerca. El jawa pronunci? unas palabras.
_ ?Sabes lo que le pas? al ?ltimo que no me dej? entrar en un hangar?_ Contest? Aayla al humanoide encapuchado.


Quinlan Vos no hab?a dejado su rutina de levantarse meditando. Siempre era el primero del poblado en abrir los ojos despu?s de la noche, pero siempre se arrodillaba y cerraba los ojos para aumentar su conexi?n con la Fuerza. La Fuerza, el campo de energ?a m?stico que media galaxia odiaba y media galaxia amaba, el resto no les importaba. Quinlan Vos hab?a estudiado la Fuerza desde peque?o, pero desde que perdi? su memoria su aprendizaje fue doblemente mejor. Se convirti? en maestro jedi y entren? a su compa?era twi?lek Aayla Secura, cuya memoria tambi?n hab?a sido borrada. Quinlan Vos hab?a sido reconocido por el Consejo Jedi. Claramente no esperaba un puesto en el Consejo, hab?a mucho jedi que lo merec?an antes que ?l, tales como Obi-Wan Kenobi o Shaak Ti, pero no le extra?ar?a que alg?n d?a el Consejo le confiase un puesto. De pronto, y escudri?ando la Fuerza, percibi? una presencia a la que echaba de menos: Aayla. Sab?a que su aprendiz le estaba buscando, pero entend?a que la b?squeda ser?a dificultosa. A?n as?, ahora ten?a otro motivo para intensificar sus meditaciones. Poco a poco podr?a saber donde se encontraba Aayla y transmitirle su conexi?n para saber donde estaba, solo hac?a falta tiempo.

De pronto sinti? de nuevo un galope del cual se hab?a hecho familiar. Los reek eran numerosos en el pueblo en el que se encontraba, pero los cargos de mayor rango montaban otro animal menos corpulento, pero m?s ?gil. Llevaba dos peque?os cuernos tras la orejas. Casi todos eran de un pelaje marr?n oscuro, excepto las cr?as, que nac?an blancas. Todos ten?an una larga cola que el pueblo se dedicaba a adornar con una larga trenza. Seg?n ten?a entendido ese animal se llamaba Suruh. El galope del reek y del suruh hab?a parado de nuevo en el mismo lugar que ayer. Esperaba que no fuese el mismo oficial.

Abri? su hogar y pudo ver que aquel d?a era el m?s caliente que hab?a visto en aquel planeta. El sol brillaba con fuerza, y no hab?a ninguna nube en el cielo que diera una especulaci?n de lluvia. Hab?a de nuevo dos jinetes, uno en un reek y otro en un suruh. Estos no parec?an ser de alto rango, pero si parec?an tener una riqueza anormal en ese pueblo. Bajaron de sus monturas para dirigirse al templo, pero el que montaba al suruh vio que Quinlan Vos les observaba. El hombre mir? fijamente las ropas del jedi, muy raras en aquel planeta. De pronto comenz? a caminar hacia ?l.
_ Tu eres aquel del que hablan._ Dijo mientras ven?a.
_ Supongo que s?._ Contest? con una mueca el jedi._ Espero no ser una molestia.
_ ?Eres buen guerrero?
La pregunta hab?a sido directa. Para ser la segunda frase que el hombre dirig?a a Quinlan no era una frase muy amistosa. El hombre mir? seriamente al jedi esperando una respuesta.
_ Yo no soy un guerrero, soy un guardi?n de la paz._ Contest? Quinlan recordando las clases de Windu.
_ ?Sabes manejar esto si o no?_ El hombre alz? una especie de vara que por un lado ten?a una peque?a hoja cortante, lo suficiente mente afilada como para matar al mismo suruh.
_ A?n no he tenido la posibilidad de probarlo._ Contest? Quinlan Vos.
_ Pues tal vez sea el momento._ El hombre arroj? el arma a las manos de quinlan y se coloc? en posici?n de ataque. Quinlan Vos lo empu?? como si de un sable de luz se tratara. El hombre comenz? el combate, dando una estocada lateral por la derecha f?cilmente bloqueada por Quinlan Vos. El jedi contraatac? dando una vuelta sobre si mismo mientras maniobraba con la nueva arma. Su golpe fue bloqueado por el guerrero. Sin duda era bueno. Ten?a mucha rapidez, y desprend?a un aire de confianza y serenidad dif?cil de romper. Volv?an a estar cara a cara, esta vez respirando mas fuerte.

Quinlan vos atac? antes esta vez. Su arma desprendi? un arco que pas? rozando el rostro del hombre. Seguidamente el guerrero dio una vuelta y atac? a las piernas del jedi, pero este bloque? con facilidad. El combate era r?pido pero intermitente. Uno atacaba y el otro defend?a, y luego al rev?s. De pronto el guerrero atac? con mas furia esta vez, cosa que aprovech? quinlan para pegarle un pu?etazo en el estomago y un golpe de espada en le espalda. El guerrero cay? al suelo y solt? el arma. Seguidamente se levant? y mir? a quinlan vos a los ojos.
_ Eres bueno._ Dijo al fin._ Espero que ma?ana lo hagas igual de bien.
_ Lo har? si hace falta hacerlo._ Contest? Quinlan. Su pensamiento no estaba puesto en la batalla ni en la forma en la k pelear?a ma?ana. Su pensamiento estaba puesto en como poder parar una batalla. No ve?a muchas soluciones, solo negociar antes de la masacre, y dudaba k diera resultado.
El hombre se alej? con una sonrisa.

Todo estaba en silencio. Quinlan ya hab?a descansado suficiente como para al d?a siguiente librar la batalla. De pronto, Agda apareci? en su tienda.
_ Han venido._ Dijo ella._ Marchamos.
Quinlan recogi? su t?nica quemada al estrellarse la nave, y se coloc? el sable de luz en el cintur?n. Seguidamente sali? de su tienda para ver como ya hab?an grandes pelotones de guerreros marchando hacia el horizonte. Quinlan logr? ver a Pirata. Se le acerc?.
_ ?Vas a pelear?_ Pregunt? Pirata al ver al jedi.
_ Voy a intentar para la batalla.
_ Eso es imposible._ Dijo ?l con una sonrisa. Un hombre le pas? un tarro lleno de pintura azul. Pirata meti? los dedos en la pintura y se los restreg? por la cara, haciendo dibujos. Una vez m?s aquel pueblo volv?a a demostrar su valent?a pero tambi?n su poca capacidad tecnol?gica, por no decir la nula capacidad tecnol?gica.

De pronto sinti? el galope de los Suruh. El hombre que ayer hab?a peleado con ?l montaba uno y tra?a otro sin jinete. Se acerc? al jedi.
_ Monta._ Dijo el hombre._ Te necesitar? a mi lado.
Quinlan mir? al Suruh y lo mont?, sin que el animal se resistiera. El ej?rcito comenz? a andar de nuevo. Todo era medianoche, y las estrellas se ve?an brillar en el cielo oscuro. Coruscant habr?a dado cualquier cosa por tener ese cielo. La larga caminata prosigui? hasta el amanecer, cuando llegaron a un campo sin ?rboles, al parecer quemado. El ej?rcito par? all? y se coloc? en orden. Junto a quinlan y al guerrero hab?an diez hombres m?s que parec?an tener varias dotes de esgrima, todos montando Suruhs.

Mientras esperaban, Agda se acerc? a Quinlan, que se hallaba en primera fila.
_ Toma esto._ Ella alz? la mano ense?ando un objeto._ Te dar? suerte.
Era un colgante con forma de ?blaster! El blaster que le ense?? El Se?or de los Trofeos, lo consideraban un s?mbolo, un amuleto de suerte. Quinlan hab?a sido un necio al no escudri?ar el pasado de aquella arma.

De pronto, el suelo retumb?. Parec?an paso, grandes pasos. El suelo no paraba de retumbar. Los suruh comenzaban a ponerse nerviosos, en cambio, los reeks que formaban la segunda fila parec?an tranquilos. Quinlan mir? al horizonte, el campo quemado no parec?a acabarse, y los grandes pasos llegaban del otro lado del campo. Al fin, asomaron las primeras cabezas del ej?rcito rival. Ten?an otro tipo de monturas, mucho m?s grandes, pero al parecer, menos d?ciles y m?s lentas. Ten?an cuellos largos y cuatro patas gordas, con pezu?as gigantes que apoyaban en el suelo para mantener su enorme peso. Cuatro hombres montaban esas monturas. Ahora entend?a el por que retumbaba el suelo.
_ Extranjero._ Quinlan mir? al hombre con el que se bati? en duelo._ Tengo entendido que pones motes, pues no puedes pronunciar nuestros nombres._ Quinlan asinti?._ Ll?mame Jinete.
_ As? lo har?.
El ej?rcito rival se detuvo cuando estuvo bien posicionado. Al parecer los l?deres de los ej?rcitos se acercaron al centro del campo. Jinete se dirigi? al centro junto con otros cuatro hombre, Quinlan le sigui?. Al parecer, el otro ej?rcito tambi?n utilizaba suruhs para los guerreros nobles.
_ Gusanos._ Dijo el uno de los l?deres del ej?rcito rival._ Esta vez no escapareis.
_ Para escapar hay que huir, y nosotros no pensamos huir._ Contest? Jinete._ Se que esta batalla va a librarse. A?n as?, te ofrecer? un acuerdo. Retira tus tropas y m?rchate a donde no podamos encontraros.

El l?der rival lanz? una carcajada y mir? a Quinlan.
_ Veo que vuestro sentido del humor ha mejorado._ Dijo._ Tal vez sea por la presencia de extra?os seres. Hablan mucho de ti extranjero, o deber?a decir ?Quinlan Vos?
_ Maestro Quinlan Vos._ Contest? Quinlan mir?ndole a los ojos.
_ Me encantar?a saber de que sois maestro, quinlan vos._ Dijo el l?der rival.
Quinlan supuso que aquella batalla, como hab?a dicho Jinete, no pod?a ser evitada, pues los pensamientos de los dos ej?rcitos eran muy diferentes. Demasiado diferentes.
_ Lo descubrir?s en el campo de batalla._ Dijo Quinlan mientras hac?a girar a su Suruh para colocarse en las filas de su ej?rcito.
Los l?deres se colocaron con sus tropas, en primera fila.
_ Que la Fuerza os acompa?e._ Dijo Quinlan Vos antes de que los Suruh, los reeks y todas las tropas a pies del ej?rcito que ten?a a sus espaldas comenzar?n a cargar hac?a el otro ej?rcito, hacia la batalla...

?Un sue?o? Durante minutos quinlan vos pens? que todo aquello que ve?a era un sue?o, un sue?o muy parecido a la realidad. Estaba rodeado de llamas, en medio de un edificio corr?a, pero corr?a en ninguna direcci?n. Su rostro parec?a desesperado. Entonces vio algo, una silueta hermosa, azulada, cayendo a un vac?o; ?Era Aayla!Quinlan vio como un trozo de espada se dirig?a hacia su cuello. El jedi se agach? y gir? sobre sus talones para proporcionar una patada en el abdomen a su contrincante. Estaba en medio de una batalla gigantesca.

Hab?a bajado ya de su montura, de pronto, vio a Agda que se acercaba a su posici?n, luchando con unos finos cuchillos. La chica se coloc? espalda con espalda con el jedi.
_ No deber?as estar aqu?._ Dijo Quinlan mientras empujaba a dos guerreros con la Fuerza._ Es peligroso.
_ ?De veras crees que temo al peligro?_ Contest? Agda.
De pronto, un guerrero montado en un reek carg? contra Agda. Si no hubiese sido por que quinlan r?pidamente levant? a Agda con la Fuerza la chica hubiese muerto por el impacto.
_ Deber?as tenerlo._ Dijo Quinlan cuando la baj?.

Durante unos segundos nadie pele? con Quinlan, y aprovech? para analizar el campo de batalla pero de pronto, vio algo que le estremeci? el coraz?n. Uno de los guerreros del ejercito oponente llevaba un arma esa no era la cuesti?n, si no que el filo de ese arma era una parte del casco de la nave del jedi, del caza jedi El pensamiento de que su caza hab?a sido destruido le estremeci? a?n m?s. Se dirigi? hacia el guerrero, que estaba a una distancia considerable, con la cabeza gacha. Por el camino, algunos contrincantes se pusieron en medio, pero quinlan se los quitaba de encima f?cilmente. Sab?a que lo que estaba apunto de hacer estaba mal, pero necesitaba hacerlo, se lo ped?a su cuerpo, su mente.

Se acerc? al guerrero, que le vio. Este, en vez de atacar, se asust?, pues el jedi expulsaba un aura de rabia. Quinlan se qued? quieto
_ T?...
Quinlan no acab? la frase, simplemente cort? al hombre en dos pedazos y cogi? el arma que hab?a quedado suspendida en el aire. Agda lo ve?a todo desde lejos. El kiffar se sinti? mucho mejor despu?s de matar al hombre, aunque su "yo" interior le dec?a que no hab?a hecho el bien ni el deber de un jedi, pero se sent?a bien M?s tarde se arrepentir?a.

La batalla terminaba, el ejercito oponente se retiraba corriendo, pasando con los reeks junto a la silueta de Quinlan Vos. Todo qued? en silencio cuando se retiraron. Montones de cad?veres pintaban el suelo de rojo. A Quinlan vos solo le quedaba una forma de salir de aquel planeta, y no era con su nave. Su salvaci?n era Aayla.

Aayla hab?a recorrido ya infinidad de planetas, pero en ninguno parec?a estar su maestro. Le quedaban pocos por recorrer sobre la ruta de su hiperespacio, y en uno de ellos estaba su maestro. Pero deb?a ser un planeta muy peque?o, pues no deb?a aparecer ni en los mapas gal?cticos. La nave de Aayla despeg? de Dorin y puso rumbo al hiperespacio
_ All? voy maestro, aguanta._ Dijo mirando a las estrellas

?Otro sue?o? No pod?a ser, su mente le dec?a que era un sue?o, pero su coraz?n se lo negaba. Estaba en un planeta selv?tico al parecer en Kashyyyk, pues ve?a un gran n?mero de wookiees en guerra! Luchaban contra droides de la federaci?n de comercio. Quinlan Vos estaba en lo alto de un juguernautt, y pod?a ver casi todo el combate desde lo alto tambi?n vio una cara conocida. Luminara Unduli. Estaba dando ?rdenes a unos soldados vestidos de blanco, no sab?a que eran, pero eran soldados, todos de la misma altura y al parecer sin miedo a morir.

Todo era extra?o para el jedi. De pronto, sinti? una perturbaci?n en la Fuerza. Todo su temor se acumul?, y vio en su mente a Aayla acribillada por esos mismos soldados. Quinlan volvi? a la batalla de wookiees, y miro a su compa?era, Luminara Unduli. De pronto, un soldado se acerc? a un pelot?n y todos apuntaron a la jedi. ?sta logr? darse cuenta antes de que le dispararan, pero solo pudo bloquear los primeros disparos. Luminara Unduli cay? en batalla, traicionada. De pronto, un estremecimiento se apoder? de Quinlan. No pod?a moverse, sab?a que ahora ir?an a por ?l, pero no pod?a mover su cuerpo. Sinti? el motor de una maquina tras ?l, y un fuerte ruido. Todo comenz? a tornarse del mismo color del fuego.

Le hab?an disparado, y ahora todo era luz, su cuerpo dentro del fuego fue una sombra, Quinlan Vos despert? desenfundando el sable de luz. Mir? a su alrededor, estaba sudando.
_ Tranquilo._ Dijo la voz de Agda desde detr?s._ Has tenido una pesadilla.
_ Otra vez._ Contest? Quinlan.
_?Otra vez?
_ S?, tuve una antes de la batalla un ser muy querido mor?a
Los ojos de Quinlan Vos empezaron a dejar saltar l?grimas sueltas. Agda se acerc? al Jedi.
_ Todos tenemos pesadillas Quinlan. Todos morimos alg?n d?a._ Dijo Agda susurr?ndole al o?do.
El silencio se apoder? de la caba?a. El jedi se calm?.
_ Puedo saber de donde ven?s._ Dijo Quinlan Vos.

R?pidamente quinlan sali? de su caba?a con Agda a su lado, pero un estruendo ruido cruz? el cielo. Algo que hac?a tiempo que no escuchaba y que echaba de menos. Para sorpresa de Quinlan una sombra cruz? el cielo, una sombra con forma de nave republicana, que aterriz? en unos prados cerca del poblado. Quinlan Vos casi no pod?a cre?rselo, y el poblado estaba at?nito. El jedi comenz? a correr r?pidamente hacia los prados, pero algo se cruz? con ?l mientras corr?a, un silbido que pas? junto a su oreja. Mir? hacia atr?s y vio una flecha clavada en un ?rbol. Aayla estaba saliendo del caza cuando un ejercito sali? de entre los bosques, al parecer estaban ya preparados para atacar antes de que aterrizara la nave. Aayla mir? a Quinlan con los ojos rojos, casi llorando por ver a su maestro, pero no escuchaba al jedi, aun que este soltaba gritos desesperados.
_ ?Aayla!_ Grit? el jedi._ ?Ag?chate!

La jedi logr? darse cuenta del ataque, pero demasiado tarde, un guerrero montado en reek la empuj? al suelo, tir?ndola de la cabina de la nave, donde se encontraba de pie. Aayla cay? al suelo inconsciente. El ejercito enemigo avanzaba hacia Quinlan Vos, que ya ten?a a todo su poblado amigo detr?s, corr?a ahora en busca de su padawan, con la hoja de su sable de luz haciendo arcos para detener las flechas. Lleg? pronto a alcanzar al enemigo. Su sable cort? miembros del cuerpo a muchos de sus enemigos, pero su ansiedad era encontrar a su padawan. Busc? cerca de la nave, pero no estaba. De pronto, vio como el guerrero que la hab?a tirado de su nave se la llevaba, a?n inconsciente, hacia los adentros del bosque, junto a otros guerreros. El jedi se apresur? a tirar a un guerrero de su montura e ir en busca de la twi?lek. Atraves? la frontera del bosque r?pidamente y para su sorpresa los escoltas le estaban esperando...

_ De aqu? no pasar?s._ Dijo uno.

El jedi se limit? a no hacerle caso y clavarle la hoja verde en el lado izquierdo del pecho. El otro golpe? a Quinlan con su lanza, pero esta se parti? en pedazo con el contacto del arma jedi. Vos se apresur? a clavarle al hombre el sable en el estomago y marchar en busca de la jedi, pero hab?a perdido la noci?n del tiempo y la orientaci?n. De pronto, no sab?a donde estaba. Algo le pasaba, no pod?a ser otra de esas pesadillas! Quinlan vio a Aayla, tirada en el suelo, en alg?n rinc?n de una caba?a. Estaba malherida, con sangre en el pecho y en la cabeza. Quinlan casi pod?a tocarla, pero de pronto, una sombra se cerni? sobre Aayla.
El jedi despert?, y de nuevo Agda y, esta vez El Se?or de los Trofeos, estaban a su lado.
_ ?Aayla?_ Pregunt? el jedi, atontado.
_ Supongo que te refieres a esa cosa azul verdad?_ Dijo El Se?or de los Trofeos.
_ ?D?nde est??
_ No lo sabemos._ Dijo Agda.
_ Quinlan Vos, debes descansar, tranquilo, se retiraron, la batalla fue ganada._ Dijo con una voz tranquilizadora El Se?or de los Trofeos
_ ?No quiero descansar!_ Grit? Quinlan._ ??Donde est? esto?!
El jedi le ense?? a Agda su colgante, con forma de blaster.

El Se?or de los Trofeos y Agda acompa?aron r?pidamente a Quinlan hacia la caba?a donde estaba el arma, el blaster. Agda abri? la caja r?pidamente.
_ Aqu? tienes._ Dijo ofreci?ndola al jedi.
_ No._ Contest? rotundamente el jedi._ La llevar?s t?. Deber?s venir conmigo y esperar a las afueras de la ciudad hasta que yo te de la se?al.
_ ?Y como sabr? cual es la se?al?
_ Lo m?s raro que veas por encima de la ciudad ser? mi se?al Agda?_ Dijo el jedi con una sonrisa en la boca. Quinlan mir? al Se?or de los Trofeos._ Prepara a vuestro ej?rcito, y atacad. No tard?is, deb?is ser r?pidos, ahora est?n seguros de que han obtenido una peque?a victoria, quitadles la ilusi?n.
El anciano asinti? con la cabeza._ Que los dioses se apiaden de tu alma, Quinlan Vos.

El jedi hizo una peque?a referencia al anciano y march? junto a Agda. El pueblo les ofreci? unos reeks para el viaje. Antes de marchar, Quinlan dej? un mensaje a la rep?blica desde la nave de Aayla. Las siluetas de Agda y Quinlan desaparecieron entre los ?rboles.

Aayla abri? los ojos. Estaba en una especie de celda, tumbada en el suelo. No ten?a sus armas, y mucha parte de su ropa estaba desgarrada. Un guardia pas? cerca de la puerta, se sorprendi? y grit?:
_ ?La mujer azul ha despertado!
De repente se sintieron pasos por todas partes. En menos de un minuto ya hab?a m?s de diez guardias al lado de la celda. De repente, todos se apartaron para dejar pasar a un hombre que entr? en la celda, sin ning?n tipo de temor.
_ ?T? eres la amiga de Quinlan Vos, verdad?
Aayla no respondi?.
_ Demasiado bella, y demasiado rara._ Comenz? a decir el hombre mientras rodeaba a Aayla pase?ndose por la celda. De repente, empu?? el sable de luz de la twi?lek._ Bonita arma, una pena que nosotros no sepamos utilizarla.
_ Nunca sabreis._ Contest? Aayla con rabia en los ojos.
_ Puede que sea cierto, pero de lo que estoy seguro es que no volver?s a empu?arla jam?s.
_ Eso depende._ Contest? Aayla.
_ ?Ah si?_ Pregunt? sarc?sticamente el hombre._ Y de qu? o de qui?n depende?

De repente, una voz masculina apareci? detr?s de los guardias.
_ De m?._ Dijo Quinlan Vos. Seguidamente, acab? con dos de los guardias con un movimiento de su hoja verde. Aayla aprovech? la sorpresa de todos para coger su arma con la Fuerza. El jefe de los hombres cay? al suelo, asustado. Quinlan Vos acab? con los guardias r?pidamente, y apunt? con el sable de luz hacia el jefe.


Agda estaba sentada a las afueras de la ciudad, escondida tras una peque?a colina negra. Esperaba la se?al del jedi con paciencia, pero se preguntaba que har?a de se?al. De repente, vio como cerca suyo ya estaba preparado el ej?rcito de su pueblo. Solo faltaba la se?al de Quinlan, y todo acabar?a. De momento, todo estaba tranquilo, pero de pronto, un rugido cruz? el cielo. La nave de Aayla Secura viaj? hasta la ciudad, ?pero quien iba dentro? Estaba claro, esa era la se?al. Agda subi? a un reek de su ej?rcito y estos comenzaron la carga. Hab?a llegado el final.

Quinlan Vos vio como su nave, gracias al piloto autom?tico, llegaba a su posici?n. Pero no era lo ?nico que llegaba del cielo, de repente, muchas m?s naves de la Rep?blica aparecieron de entre las nubes, aterrizando en la ciudad, escoltando a los jedi y disparando a los soldados atacaran al ej?rcito. El maestro Kit fisto recibi? a la twi?lek y al kiffar.
_ Me alegro de que tu b?squeda resultara Aayla._ Dijo el nautolano._ Es un honor volverte a tener entre los nuestros Quinlan bienvenido de nuevo.
Quinlan Vos hizo una referencia al maestro jedi y march? junto a su aprendiz. Vio al pueblo de Agda atacando, victoriosos. Agda estaba casi asustada, pues jam?s hab?a visto tantas armas como la que ella llevaba ahora en la mano. Se dirigi? a Quinlan.
_ Gracias Quinlan Vos, no se como podremos agradecerte que nos hayas ayudado as?._ Dijo Agda sonriendo. La chica mir? el blaster._Supongo que esto es tuyo.
_ No, eso es vuestro._ Dijo Quinlan._ Os pertenece. Ahora sab?is de donde proven?s. No hace falta que me agradezc?is nada, soy yo el que debe daros las gracias por haberme acogido. Ha sido un honor y una experiencia inolvidable. Jam?s os olvidar?.

Quinlan Vos march?, junto a Aayla, perdi?ndose entre los ?rboles del bosque, y seguidamente subiendo a una nave, para viajar a las estrellas. El Se?or de los Trofeos se acerc? a Agda, que miraba fijamente el cielo.
_ Cay? de las estrellas, derrot? a nuestro enemigo, y volvi? a su hogar._ Dijo sabiamente el anciano.

Ep?logo:

La Republica march? de aquel planeta a petici?n de Quinlan Vos. El pueblo no quiso pertenecer a la Republica, y esta nunca public? el planeta en ning?n mapa gal?ctico. Quinlan Vos tuvo muchas m?s visitas al pueblo que le ayud?. Pero un d?a, uno de los sue?os que tuvo se hizo realidad.
Una enorme bola de fuego rode? al jedi, que se transform? en una sombra. Sus ojos vieron el fuego, y luego oscuridad.


Vasilis-Kun
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Publicado por maf.1 @ 10:44  | Fan Fic
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